ARTÍCULOS

LinkedIn
WhatsApp

Los servicios de inteligencia de América Latina y el Caribe

Por: Fundación Sherman Kent

Los servicios de inteligencia de América Latina y el Caribe

ACCESO ABIERTO 6 de julio de 2026

Primer mapa comparado de los servicios de inteligencia de los 33 Estados de la región, evaluados bajo una matriz común de cinco dimensiones y con su marco legal actualizado país por país. Casi la mitad resultan frágiles o incipientes: el cuello de botella no es la recolección, sino la capacidad de convertir datos en juicio y juicio en decisión.

Compartir LinkedIn Facebook WhatsApp

Autor: Edgardo Glavinich

América Latina y el Caribe atraviesan, en 2026, una ventana histórica: al menos siete Estados reformaron al mismo tiempo la arquitectura de sus servicios de inteligencia —Argentina, Chile, México, Brasil, Ecuador, entre otros—, mientras cobra vida una cooperación regional inédita, la Alianza Sudamericana de Inteligencia Estratégica. Esa coincidencia, hoy dispersa, puede desperdiciarse en modernizaciones aisladas o convertirse en un verdadero salto de gestión, formación y arquitectura.

Este nuevo informe de la Fundación Sherman Kent traza, por primera vez, un mapa comparado de los servicios de inteligencia de los 33 Estados de la región. Cada uno se evalúa bajo una matriz común de cinco dimensiones —gestión, organización, formación, tecnología y control democrático— y se acompaña de su marco legal actualizado, país por país, junto con las cuatro regulaciones interestatales vigentes. El diagnóstico es contundente: casi la mitad de los servicios son frágiles o incipientes, y el cuello de botella dominante no es la recolección, sino la capacidad analítica y directiva para transformar datos en juicio y juicio en decisión.

Frente a ese cuadro, el documento sostiene que la brecha con las potencias centrales —Estados Unidos, los Five Eyes, China y Rusia— se ampliará con la irrupción de la inteligencia artificial y la OSINT, salvo que la región dé un salto coordinado. La propuesta, construida sobre la cooperación ya existente y bajo el paraguas de la OEA, incluye una escuela común de analistas y gestores, una célula compartida de fuentes abiertas e inteligencia artificial y una coordinación reglada —con reciprocidad, autonomía analítica y salvaguardas de soberanía— con Estados Unidos como Estado hegemónico continental.